Dos lecturas interesantes

En estos días en las redes sociales he leído algunos artículos de interés. En particular he rescatado dos que me parecieron excelentes. ¡Qué mejor que compartirlos con Uds.!

Estoy seguro que los disfrutarán, además de hacerlos pensar.

 

Primero:

Es un cuento corto publicado por el sitio Menéame,  recomendado por  mi colega español Antonio F. Rodríguez  en su Blog: “La antigua Biblos” .

 

El automata defectuoso

Los Hacedores creaban a los autómatas para que satisfaciesen sus deseos. Los programaban para que ellos también deseasen, tuviesen impulsos, anhelos y necesidades.

Buscando cubrirlos, servían a los Hacedores sin saberlo. De ahí que los anhelos de los autómatas fuesen cuidadosamente seleccionados por los Hacedores.

Cuando los Hacedores soltaban a los autómatas al mundo, solían mezclarse entre ellos para controlar cómo funcionaban y si eran eficientes. La característica esencial de un autómata en buen estado era una actividad incesante. Siempre debían estar en movimiento, ya fuese para producir o para divertirse y (sin saberlo) seguir produciendo.

En uno de sus viajes, uno de los Hacedores observó a un autómata inmóvil. Sus ojos miraban hacia el infinito con un gesto de tristeza para el que no había sido programado. Estaba perdiendo preciosos minutos de su vida útil sin hacer aquello para lo que fue creado, y lo peor es que no parecía tener intención de corregirse. El Hacedor regresó a su palacio e informó a su superior de lo acontecido.

-Es un autómata defectuoso. No desea, no es activo, desperdicia su energía…¿Habías visto algo así?

-A veces salen con defectos de fabricación, y sin duda éste es el defecto más grave que podría tener. Debes eliminarlo.

-¿Para qué gastar energía en hacerlo? Vista su apatía, lo normal es que muera el sólo sin necesidad de que intervengamos. No se puede vivir sin desear.

-Te equivocas. Aunque él no lo sepa, desea con todas sus fuerzas. Pero desea algo para lo que no ha sido programado. Por eso es defectuoso. No sabe qué es lo que desea, y lo más probable es que nunca lo descubra y muera de tristeza. Precisaría una fuerza descomunal para descubrirlo, y aún más para perseguirlo. Pero si lo lograse, representaría un tremendo peligro.

-¿Entonces has visto más como él?

-Sí. Todos mueren antes de tiempo por su propia tristeza. Son errores, dentro de sus circuitos hay algún fallo que les lleva a intuir y amar cosas contrarias a la naturaleza que les hemos dado. Cosas que precisarían de toda su energía para ser alcanzadas. Y si usan su energía para perseguirlas, no la usarán para servirnos. Por eso es tan importante eliminarlos. Porque si alguno es capaz de vencer a la tristeza y descubrir lo que ansía, podría llegar a luchar por ello. Y podría contagiar al resto. Sería un desastre.

 

El segundo:

Es un artículo sobre  tres preguntas que nos deberíamos hacer antes de hablar.

Las 3 preguntas de Sócrates que todos deberían hacerse antes de hablar

Todos conocemos a Sócrates, el filósofo ateniense que vivió entre el siglo V y IV a.c. Es considerado uno de los grandes pensadores de la antigüedad, tanto en el terreno de la filosofía occidental como universal. Además, fue maestro de Platón, quien a su vez tuvo como discípulo a Aristóteles. Los tres fueron los máximos representantes de la filosofía de la Antigua Grecia.

Entre las muchas enseñanzas y reflexiones del filósofo, hoy queremos hacer mención a una en particular. Se trata de las tres preguntas de Sócrates, las cuales deberíamos seguir teniendo muy en cuenta en multitud de ocasiones.

Un día, cuenta la historia, estando Sócrates sentado reflexionando, llegó un conocido suyo y le hizo la siguiente pregunta:

—Sócrates, ¿sabe usted lo que acabo de oír acerca de uno de sus estudiantes?
—Espera —le espetó el filósofo—. Antes de contarme nada me gustaría formularte tres preguntas. La primera tiene que ver con la verdad —anunció—, ¿estás seguro de que lo que vas a contarme es cierto?
—No —respondió el joven—, acaban de contármelo.
—Es decir, que no sabes si es cierto o no —contestó Sócrates—. Ahora la segunda pregunta, que tiene que ver con la bondad: lo que vas a decirme de mi estudiante, ¿es algo bueno?
—No, pero…
—Por lo tanto —interrumpió Sócrates—, ¿vas a decirme algo malo de otra persona, a pesar de no estar seguro de si es verdad o no?

El joven, avergonzado, asintió. Sin embargo, al viejo filósofo aún le quedaba una pregunta por formular.

—La tercera pregunta tiene que ver con la utilidad —dijo Sócrates—. Lo que vas a contarme de mi estudiante, ¿será provechoso para alguien?
—No, en realidad…
—Bien —continuó Sócrates—, lo que quieres contarme es algo que no sabes si es cierto, que no es bueno y que ni siquiera es de provecho para alguien. Entonces, ¿por qué hablar sobre ello? Vete de aquí con tus infundios y bulos.

No creo que hagan falta demasiadas explicaciones para entender lo que Sócrates quería mostrar con esta enseñanza. Muchas veces comentamos cosas malas de los demás, sin saber a ciencia cierta si esa información es verdad y a sabiendas de que es algo que no es de utilidad para nadie, simplemente por el mero hecho de cotillear y criticar.

Cuando se les plantee una situación de este tipo, los invito a que reflexionen sobre las sabias palabras de Sócrates y a que hagan eco de ellas para que otros las tengan siempre presentes.

(Fuente: Literatura & Ortografía)

 

 

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