Entrevista a Rodolfo Origlia

A Rodolfo Origlia lo conocí personalmente en una cena de amigos en la casa del colega  César Cuyaubé. Ambos disfrutábamos de la gentileza del amigo común y su familia y la mesa impecable que nos habían servido.  César conocía a Rodolfo desde hacía mucho tiempo y lo había invitado a cenar en una breve paso de Origlia por Córdoba para un evento. Ellos fueron compañeros de carrera en la UNC. Como es común en este tipo de cena, recordaron: viejos tiempos, anécdotas sabrosas de su vida universitaria, a otros compañeros,  e  inevitablemente, terminamos hablando de Agrimensura.  Ideas y pareceres sobre nuestra profesión fueron acaloradamente discutidos. No podía ser de otra manera en una mesa llena de colegas apasionados por lo que hacen.  Más allá de las historias diferentes que nos anteceden y definen que generan diferencias de opinión, observé del señorío y del hombre de bien que tenía enfrente. Además, sus fundadas opiniones, mostraban una impecable formación profesional acrecentada en el tiempo por profuso estudio y vasta experiencia. Lo que les digo es redundante, apenas lean la entrevista Uds. mismos, al poco andar, podrán concluir lo mismo.

Gracias Rodolfo por aceptar este desafío.

Entrevista a Rodolfo Origlia

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Pregunta: ¿Puedes contarme en dónde te has recibido, cuantos años de profesión tienes y a qué te has dedicado? Si quieres, puedes agregar algún otro dato personal para que nuestros lectores te puedan conocer un poco más.

Recibí mi título de Ingeniero Agrimensor en la Escuela de Agrimensura de la Universidad Nacional de Córdoba, en 1983.

Desde entonces he transitado el ejercicio independiente de la profesión —en mis primeros doce años de trabajo— realizando mensuras y tareas topográficas; y el resto de mi experiencia ha tenido lugar en relación de dependencia con organismos públicos. Además de desempeñarme como docente de nivel secundario y universitario en diversos períodos.

En la actualidad cumplo funciones como Gerente de Catastro de la Agencia de Recaudación Tributaria de Río Negro, organismo en el cual se encuentra inserta toda la estructura y funcionalidad del Registro Público Catastral de la provincia de Río Negro.

Como anécdota íntima tal vez valga contar que llegué al Alto Valle del Río Negro en busca de trabajo allá por 1984, luego de un largo y extenuante viaje en camión desde Córdoba mi provincia natal (“a dedo”, para ahorrarme el pasaje). Y también en busca del amor, porque en estos lares se había instalado a ejercer su profesión la mujer con cuyos ojos me crucé en la vida para no volver a ser el mismo. Por entonces, los avatares de la realidad que vivíamos nos llevaron por caminos diversos, cada cual transitó el suyo hasta que —veintisiete años después— volvieron a coincidir para reunirme con quien es hoy mi compañera: María del Carmen. Puedo decir, entonces, que llegué a la Patagonia como un agrimensor novato lleno de ilusiones, dispuesto a reorganizar el mundo exterior con mi empeño laboral; y aquí me transformé en un hombre agradecido que, buscando en su interior, se encontró a sí mismo.

Pregunta: Cómo vez a futuro nuestra profesión? ¿Cómo imaginas un agrimensor en el año 2030?

No es fácil para mi visualizar el futuro. Soy de una generación que al iniciar sus estudios universitarios no conocía ni siquiera la calculadora de mano con mínimas funciones aritméticas. Incluso al aparecer las mismas teníamos prohibido utilizarlas en los exámenes prácticos, debían usarse las tablas logarítmicas y —excepcionalmente— la regla de cálculo. Aprendí a medir con teodolitos a nonio y los satélites eran lucecitas que veíamos pasar en el cielo estrellado durante las largas noches de prácticas de medición astronómica. Aunque —nobleza obliga— debo decir que incursioné en el mundo del lenguaje de programación de computadoras para preparar mi tesis final en la carrera.

Desde entonces, he visto una revolución extraordinaria en los recursos tecnológicos, los sistemas informáticos, internet y las redes sociales; y he visto surgir y desaparecer currículos en la formación académica.

A los cuarenta y dos años volví a la escuela como alumno, entre jovencitos que podían se mis hijos por su edad, para recibirme de analista programador porque necesitaba integrarme con un poco más de lucidez a este un nuevo diálogo con la realidad que me rodeaba.

Así, el futuro es inimaginable para mí. Solamente me atrevo a decir que lo único cierto es el cambio. Y en tal sentido, nuestra profesión tendrá porvenir si tenemos capacidad de adaptación y vocación de superación. Como lineamiento general puedo conjeturar que un agrimensor en el año 2030 probablemente no tendrá todo su interés puesto en medir, representar o gestionar sistemas de información, sino más exhaustivamente en cómo conceptualizar y sistematizar la información territorial en general e interactuar personal e institucionalmente para ponerla a disposición y lograr la mayor eficiencia y eficacia en su uso. Y esto —siempre— en un marco de labor colaborativa interdisciplinaria.

Pregunta: ¿Qué materias o temas consideras importante para agregar a nuestro currículo profesional que las Escuelas de Agrimensura deban agregar?

Con visión estratégica amplia, me alcanza para responder una cita del autor de este blog:

“Enseñemos a los jóvenes que hay más verdades de las que tenemos y que deben buscar las propias, acordes a su realidad y a su tiempo. No los cercenemos a un pensamiento único, doctrinario…, enseñemos a que tengan pensamiento crítico, enseñemos a pensar.”

Aunque entiendo que tal educación va más allá de una materia específica que pueda agregarse al currículo.

En particular, y para proponer concretamente una tema específico que impacte en la formación académica teórico-práctica, considero imprescindible indagar en el Derecho Registral Inmobiliario como disciplina propia de enseñanza que aporte a los futuros profesionales la autonomía necesaria en cuanto a presupuestos, órganos, procedimientos y efectos de la toma de razón de los hechos jurídicos referidos a bienes raíces.

 

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Pregunta: ¿Podrías mencionar algunas ventajas y desventajas que tiene nuestra profesión? La idea que me anima a hacerte esta pregunta es ayudar a decidir a los jóvenes que desean seguir nuestros pasos.

En términos laborales, la gran ventaja de la Agrimensura es que los seres humanos vivimos en un mundo conformado por límites jurídicos. Así, la tarea del agrimensor coadyuvando al ordenamiento del territorio no tiene frontera. Desventaja, tal vez, sea que no se ha hecho carne aun en nuestra profesión, que dicha tarea no es el fin sino el medio. Porque el orden es solo una herramienta, y de nada sirve si no está asociado a un propósito. De modo que, según lo veo, la Agrimensura ofrece un espacio de mucha amplitud para el desenvolvimiento profesional, pero aún tiene que desprenderse de ciertas limitaciones que la mantienen confinada a la medición, el dibujo y la organización y gestión de sistemas. La pregunta que necesita más atención es: ¿Para qué?

En términos personales, asumiendo que pudiera animar a los jóvenes que desean seguir nuestros pasos, hablaría de percepción y de pasión. Porque considero que es apasionante ofrecer nuestro saber y nuestra voluntad a la sociedad en procura de favorecer el ordenamiento de la información territorial y la seguridad jurídica en el tráfico inmobiliario. Y aunque tal vez —al ser una profesión inminentemente técnica— no parezcan existir fundamentos espirituales en las actividades propias de la Agrimensura, lo cierto es que tomando parte en la prestación de sus servicios uno no puede sino agradecer la percepción de placer y regocijo que conlleva propender a la paz social y al bienestar de nuestros semejantes.

Pregunta: ¿Cuéntanos alguna experiencia o anécdota que hayas vivido en tu vida profesional?

Hace algunos años, estando a cargo de la Delegación General Roca de Catastro (subsede de la oficina central con sede en la ciudad de Viedma), uno de los empleados tuvo el contratiempo de regar en demasía unas macetas con plantas ornamentales que teníamos en el área de acceso a las oficinas. El agua sobrante comenzó a derramar por el piso formando un charco que, inadvertidamente, pisé al transitar por el lugar. Viendo lo ocurrido, fui en busca del secador y me puse a la tarea de ordenar (como agrimensor que soy) el pequeño caos generado inadvertida e involuntariamente.

Mi respuesta al evento fue motivo de chanzas durante mucho tiempo para todo el personal. Parecía no cuadrar al sentido común que “el Jefe” se hubiera tomado el trabajo de “pasar el trapo de piso”. Aprendí que el papel del líder no es solo mandar, sino también servir. Porque la repercusión de aquel gesto me había demostrado que mi deber como parte de ese equipo era animarlos con el ejemplo a dar lo mejor de sí mismos.

 

Pregunta: ¿A esta altura de tu profesión, es decir la de un profesional reconocido, podrías dar algún consejo o advertencia a los profesionales que se inician?

Lo que tengo para decir es que no se puede ser un buen agrimensor sino se es una buena persona. Tal vez esta sea una verdad de Perogrullo. Pero sinceramente he vivido muchos años —y ya cumplí sesenta y tres— persiguiendo un ideal de profesionalismo en la ejecución de mis actividades sin tener del todo en cuenta que la verdad está dentro de nosotros. La profesión —cualquiera sea— no es más que un medio para un fin. Una vez que la elegimos tenemos el deber de ejercerla con honra. Porque la dignidad del individuo que la ejerce es la meta.

Y esa meta —que es interior— no necesita reconocimiento, sino conciencia propia de nuestras capacidades, nuestro valor y nuestro compromiso como personas y como servidores.

Entonces llamo la atención en que no es el agrimensor el que hace a la persona, sino la persona la que hace al agrimensor. Por el ejercicio profesional podremos distinguirnos de nuestros colegas, pero sólo la coherencia de nuestros pensamientos, con nuestras palabras y obras nos dará identidad y paz interior. Al fin y al cabo, nosotros somos la causa de nuestros efectos.

 

Pregunta: Quieres agregar algo más?

He dedicado los últimos veinte años de mi labor profesional a la actividad registral catastral. En relación a ello, todos los preconceptos de mi formación han hecho lo suyo. Así, son mis propias limitaciones las que me impiden salir de la zona de confort en que cómodamente pretendo permanecer para continuar “mirándome el ombligo” con los mismos temas de la Agrimensura Legal que, reiterativamente, me convocan desde mi paso por las aulas universitarias.

Seguramente con una mayor apertura intelectual de mi parte, habrán de esfumarse estos hábitos de mi espíritu quizás demasiado conservador.

Y hay alguien a quien debo agradecer especialmente su tenaz esfuerzo por convocarme a reflexionar y procurar despertarme de tal reincidente contumacia: el agrimensor Ciampagna.

¡Gracias querido José! Me hubiese gustado compartir contigo nuestra época de estudiantes. Pero agradezco las pocas veces en que el Universo nos convocó a interactuar aunque más no sea en un evento social de amable —o acalorada— charla informal, porque han sido más que suficientes para apreciar tu calidad humana.

Te agradezco, además, la deferencia de ofrecerme este espacio para la memoria y la reflexión.

 

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