Pensamiento crítico o mágico, una elección que debemos sopesar los profesionales

A veces, algunos de nuestros profesionales, no todos por suerte, pareciera que tratan de distraidos a los otros, y utilizan herramientas de moda (multimedios, redes sociales en particular) para llevar agua a su molino. No es condenable en totalidad, recuerdo palabras de un viejo colega agrimensor y viejo profesor que transmitía el siguiente pensamiento: “No es sólo necesario ser bueno, sino también parecerlo”. El problema que puede suceder es qué:  Nos quedemos solamente en el “parecer” y la importancia de “ser profesional” la obviemos.

Esta última frase crítica que menciono, es un resumen coincidente con descripciones de los signos de la época de analistas como: Debord, Lipotvesky, Baugman, Han. Ellos nos hablan de la sociedad del espectáculo, del vacío, , la sociedad líquida, del cansancio, etc., y sus connotaciones. Estimo que todos a diario vivimos esta situación, es muy difícil evadirse. Estaremos contagiados y  pregunto: ¿Quién no se tienta a sacarse una selfie? Pareciera que si no estamos en internet no existimos. Hoy, el verbo aparecer tiene más relevancia que el verbo ser.

Pero vayamos más allá, avancemos; sobre todo sí hemos sido bendecidos por pertenecer a la clase profesional, a ser dirigentes de nuestro pueblo, a ser integrantes de la parte superior de la pirámide social, ser parte de aquellos que merecemos el respeto de la gente que busca en nosotros una orientación profesional para la solución de sus problemas y nos reclaman conocimiento. Aclaro; cuando refiero a la gente, hablo de:  clientes,  usuarios de nuestro trabajo, de nuestra sociedad, ayudantes, prácticos, estudiantes, del estado que sustentó nuestros estudios y, ahora pagan nuestros honorarios y sueldos con su trabajo y esfuerzo.

Y si de esto se trata, si de profesionales hablamos, es dable pensar que manejamos cierta racionalidad, conocimiento, cierta y buscada responsabilidad, cierta actitud, en nuestro saber y hacer. Por eso la gente busca y confía en nosotros. Y esta es la razón por la que los profesionales no podemos integrar el grupo de personas sumidos únicamente en el pensamiento mágico.

El pensamiento mágico se fundamenta en creencias cuya estructuración no sigue un patrón racional. Hablamos de pensamiento mágico, cuando se toman como postulados válidos ciertas creencias arraigadas fuertemente en el pasado, y sobre ellas se construye un mundo aparentemente racional. De este modo, las personas que no haya filtrado previamente sus ideas hasta encontrar sus fundamentos, les puede parecer que dichos pensamientos tienen coherencia y, hasta cierto punto, poseen consistencia. Se sienten tranquilas en sus postulados, en que nada va a cambiar.

En contraposición, necesitamos tener un pensamiento crítico, aunque nos endilguen de aburridos, o negativos, quizás; pasados de moda o, al revés, pertenecientes a un mundo no posible, inexistente, utópico.

El pensamiento crítico es un proceso que se propone analizar, entender o evaluar la manera en cual se organizan los conocimientos que pretenden interpretar y representar el mundo, en particular las opiniones o afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas. En el pensamiento crítico debemos interpelar nuestros pareceres. Tenemos que admitir, aunque nos desequilibre, que hay racionalidades distintas a las nuestras, y que debemos estar abiertos al aprendizaje, a comprender las ideas y los pareceres de otros. En resumen: “Salir de la caverna”[1]

A este punto de lo escrito, no puedo dejar de manifestar las dificultades que implica, más aún, cuando algunos de nosotros hemos sido educados en una estructura jerárquica donde la palabra del superior es “Santa”.

Sin duda, los tiempos actuales no son muy propicios, no son tiempos fáciles de entender y comprender y avanzar sobre un camino cierto cuesta. Saber a dónde vamos y trabajar en el bien de nuestra gente con asertividad, y a futuro, cuesta más. Y si estamos en la docencia, responder a la pregunta ¿Qué enseñar: historia o realidad actual? ¿Cómo enseñar; cuando los estudiantes tienen acceso total a la información? y/o propender a que nuestros estudiantes estén preparados para el futuro, es más complicado aún.

Nos cuesta mucho aceptar la complejidad del mundo, identificar las interrelaciones que hacen la predicción tan complicada, y luego preferimos pensar y es más cómodo suponer que hay un poder superior, una ciencia todopoderosa, “algo” que rige nuestro destino y que nos aparta de la incertidumbre. Es decir, utilizamos el pensamiento mágico para anular nuestro miedo a lo desconocido.

A pesar de la aparente dureza de las anteriores palabras, cabe advertir que quizás el equilibrio entre posiciones puede ser conveniente: el racionalismo a ultranza más cercano al pensamiento crítico y las emotividades vanas propias del realismo mágico tienen sus valores y disvalores. El primero sirve para fijar el rumbo del camino a tomar a largo plazo, pero tiene la dureza y lo áspero del camino del deber ser, el otro es un generador de esperanza, nos da fuerza, pero nos puede desviar de un buen destino. Lo que se quiere significar es que la fábula de buenos contra los malos puede ser demasiado simple para explicar nuestro hacer. Hay grises y otros colores que debemos considerar además del blanco y el negro.“…Por eso, no se pretende vencer, ni siquiera convencer, sino buscar juntos la verdad desde diferentes posiciones, para ir llegando a un entendimiento mutuo y a una verdad más completa” (Raimon Panikkar y el pensamiento complejo de Edgar Morin).

En este punto, quiero manifestar, como mencionaba en un texto anterior[2], que. “A veces las diferencias de opinión entre personas, aquellas diferencias que llevan a discusiones profesionales interminables, se producen porque hablan y describen problemas distintos, y de tiempos y lugares diferentes. Tenemos que aprender que las racionalidades sobre un tema suelen ser divergentes y cuando son bien intencionadas, son todas válidas. No son una u otra, son verdades distintas. Cada una de ellas tienen una cuota en defensa de intereses y contextos diferentes. El tema radica en cómo combinar y complementar las posiciones.”

Nuestro mundo es incierto, nos guste o no, y existen riesgos, cisnes negros, a cada segundo que son imposibles de prever. Es el momento de las tecnologías disruptivas [3] que cambian todo.

¿No será el momento de reflexionar sobre estos temas?

 

[1]Basados en el Mito de la Caverna de Platón, se pueden clasificar a las personas de acuerdo a dónde se ubican respecto de ella. Estas áreas son:

Sombra: No conocen la realidad. Sólo conocen la sombra y se imaginan el mundo a su propia manera.

— Ideas: Tienen alguna idea de la realidad, pero no son innovadores.

— Innovación: Están afuera de la caverna y pueden ver otras realidades que les permite innovar.

[2]Sistemas de información Geográfica y ordenamiento territorial, José Ciampagna, VIII CONGRESO INTERNACIONAL Y XI CONGRESO NACIONAL DE TOPOGRAFÍA, AGRIMENSURA, GEOMATICA Y GEODESIA, 26 y 27 de octubre, 2017, Bucaramanga, Santander, Colombia

[3] Tecnologías disruptivas: https://es.wikipedia.org/wiki/Tecnolog%C3%ADa_disruptiva

 

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