No todo está perdido…

Próximamente en nuestro país tenemos elecciones. Siempre es difícil para muchos de nosotros hacerlo, en general debemos optar por un candidato u otro, sin tener la posibilidad real de elegir.

Sin embargo, no todo está perdido; nos queda la esperanza. En estos días he tenido la suerte de leer dos artículos relevantes en cuanto expresan muy bien mi sentir y pensar. El primero es sobre economía: “¿Cuáles son los principios económicos básicos?”, de Juan Carlos de Pablo, un economista reconocido de Bs.As., y el segundo es sobre la grieta que divide a los argentinos: “La grieta de ayer, hoy y mañana”, de Jorge Horacio Gentile, un abogado y docente destacado de la provincia de Córdoba.

En ambos textos, que quiero compartir con Uds., me he permitido resaltar frases con ideas importantes con la ilusión (vana quizás) que puedan iluminar el camino de la política vernácula e impedir que nos traten de estúpidos con sus discursos.

A continuación lo mencionado:

 

¿Cuáles son los principios económicos básicos?”

El desacuerdo entre los economistas es noticia; el acuerdo no, porque no favorece ni el entretenimiento ni el escándalo. ¿Hasta dónde puede llegar el desacuerdo? Para analizar esta cuestión de manera específica, contestemos el siguiente interrogante: ¿cuáles son los principios económicos básicos que todo alumno debería aprender en un curso introductorio de economía?

Sobre el particular consulté al rumano Lascar Saveanu (1919-1983), quien estudió en Bucarest e Innsbruck, migrando posteriormente a la Argentina. En 1952 se radicó en Bahía Blanca, para trabajar en el Instituto Tecnológico del Sur, que luego se transformó en la Universidad Nacional del Sur. También integraron el equipo inicial su compatriota Oreste Popescu y el yugoeslavo Uros Bacic. Según Ricardo Enrique Bara, la UNS le debe muchísimo a Saveanu. “En sus clases trasmitía la importancia de referir el análisis económico abstracto a las condiciones institucionales, políticas, culturales y sociales de la situación que se pretendía estudiar. Sostenía la importancia de la interrelación entre docencia e investigación. Nos enseñó como maestro, y nos dejó como director cosas valiosas, fruto de su inteligencia privilegiada, su gran formación cultural y su bondad personal. Por sobre todas las cosas, era una gran persona”, dijo.

-¿Con qué tema comenzaría usted a dictar el primer curso de economía?

-Con el principio de escasez, según el cual no hay de todo para todos, gratis. Puede haber de todo para algunos, o algo para todos; pero desde que Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, no hay de todo para todos. Es falso que en la Antigüedad no había economistas ni problemas económicos; lo primero puede ser cierto, pero lo segundo no.

-¿Está usted diciendo que la escasez es un tema universal?

-Efectivamente, por lo cual arrancaría mi curso con este tema, si lo dictara en la Argentina, Canadá o Kenia. En Arabia Saudita, en cambio, les diría que superficialmente podría no haber problemas de escasez, pero que de repente en el futuro podrían aparecer.

-¿Cómo seguiría el curso?

-Seguiría con un segundo principio fundamental, según el cual no hay de todo, para todos, gratis, pero con lo que hay se pueden hacer varias cosas. Introduciendo el concepto de frontera de posibilidades, que separa lo posible de lo imposible, en función de las dotaciones de recursos existentes y la tecnología en uso. Toda vez que existe un recurso que tiene más de un uso alternativo, geométricamente surge una frontera.

-Deme algunos ejemplos específicos, por favor.

-Con determinada cantidad de ladrillos se pueden construir cierto número de casas o de piletas de natación; con determinado presupuesto se pueden aumentar las jubilaciones o las becas para estudiantes primarios; las transferencias del Estado nacional pueden ir a unas provincias o a otras; las horas de cada día se pueden asignar entre trabajo y ocio; el consumo se puede distribuir a lo largo del tiempo, etc.

Por la vigencia del principio de escasez, generalmente los deseos superan las posibilidades. ¿Qué se puede hacer al respecto?

-Plantear las restricciones y las alternativas en términos de fronteras ayuda a entender el problema y por consiguiente a direccionar las investigaciones y las acciones. Ejemplo: ¿cómo se puede aumentar el número de casas que se producen, manteniendo la cantidad de piletas de natación que se fabrican? Consiguiendo más ladrillos o inventando métodos de producción que requieran menos ladrillos para fabricar cada casa o cada pileta. No hay más alternativas.

-¿Algún otro principio?

-Si no hay de todo para todos gratis, pero con lo que hay se pueden hacer cosas diferentes, ¿con qué criterio se asignan los recursos escasos, entre los fines alternativos? Nadie sabe cuándo va a terminar el mundo, pero si tomamos las decisiones pensando que se termina hoy, y agotamos los stocks existentes, y resulta que no termina, mañana vamos a estar peor que hoy. Por lo cual, como criterio general, los precios son la mejor señal para indicarles a los potenciales compradores, la cantidad de recursos utilizados en la producción del bien deseado.

-¿Sin ninguna excepción?

-Con pocas, bien justificadas. Ejemplo: las vacunas que se les aplican a los niños. Producir, distribuir y aplicar una vacuna contra la polio involucra recursos humanos y materiales. Está muy bien que las apliquen gratis. Pero la lista de bienes que se proporcionan de manera gratuita debe ser corta, porque si el demandante no paga, pero producir el bien cuesta, alguien pone la diferencia. Y ese alguien son los contribuyentes impositivos. En un contexto de escasez, la denominada “economía de la gratuidad”, como principio general, es una aberración.

-¿Estarían de acuerdo Smith, Ricardo, Marx o Keynes, con la forma en la cual usted comenzaría su curso introductorio de economía?

-Yo me atrevo a pensar que sí, más allá de que, en los cursos superiores, cada uno de ellos le asignaría porciones diferentes a distintos temas. Plantear la cuestión de la escasez en términos de escuelas económicas o, peor aún, a partir de explicaciones conspirativas, para lo único que sirve es para hacerles perder tiempo y energía a los alumnos.

– Don Lascar, muchas gracias.

(Por Juan Carlos de Pablo, diario La Nación, 28 de julio del 2019)

 

 

“La grieta de ayer, hoy y mañana”

Jorge Lanata bautizó como “la grieta” el profundo espacio que separa a los dos principales contendientes políticos de las elecciones nacionales de 2015 y 2017: Mauricio Macri y Cristina Fernández.

Para Jaime Durán Barba –asesor de Macri–, esa grieta fue y será imprescindible para que el Gobierno triunfara en aquellos comicios y vuelva a hacerlo en los próximos, aunque ese conflicto haya servido también para impedir el diálogo y los debates no sólo entre esos candidatos y sus seguidores, sino también para quebrar o hacer imposible conversaciones o reuniones de amigos o de familiares.

Pero este precipicio, que impidió la entrega de los símbolos presidenciales cuando Macri se hizo cargo de su despacho en la Casa Rosada, también limitó las posibilidades de diálogo, de debate, de negociación y de consenso que eran y son necesarias para resolver los graves problemas que padecemos los argentinos. Esta actitud, además, sirvió para debilitar el funcionamiento de las instituciones de la república.

El Congreso dejó de sancionar leyes –apenas 64 en 2018–, de prestar acuerdo para designar jueces, al defensor del Pueblo (cuyo cargo está vacante desde hace más de 10 años) y al fiscal General (que está vacante desde hace dos). Y no actualiza la Ley de Coparticipación Federal.

La confrontación por legalizar el aborto, propuesta por el Presidente, abrió una nueva grieta entre celestes y verdes que será difícil de cerrar.

Macri, como lo hicieron también sus antecesores, dicta leyes mediante decretos de necesidad y urgencia (50 durante 2018), que el Congreso tampoco deroga o modifica. No reglamenta leyes, que por ese motivo carecen de vigencia.

El Poder Judicial de la Nación tiene un cuarto de sus cargos de jueces vacantes. Las sentencias exhortativas de la Corte Suprema de Justicia y de tribunales federales, en las que se pide al Congreso que sancione leyes o decida políticas públicas, no son respondidas por ninguna de las cámaras (entre 2005 y 2018, contabilizamos 63). Además de que los jueces, los funcionarios y el resto del personal judicial no abonan el Impuesto a las Ganancias.

Próximos comicios

Las elecciones que vienen muestran que los argentinos estamos cansados de la grieta y que por ello se hicieron distintos ensayos desde la clase política para convencer a la mayoría del electorado de que esta será superada.

Hay candidatos presidenciales, como Roberto Lavagna, José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión, que disputan la ancha franja del electorado que repudia la grieta. Y los dos contendientes principales, Mauricio Macri y Cristina Fernández –que en las dos elecciones anteriores y en la que viene intentan valerse de la polarización–, matizaron su fórmula presidencial con dos candidatos, Miguel Ángel Pichetto y Alberto Fernández, que provienen del sector antigrieta y que aseguran bregar por su abolición.

Con estas extrañas combinaciones, intentan sumar a sus respectivos 30% de electorado cautivo algo del restante 40%, según lo que indican las encuestas, preocupándose por resaltar más la deficiencia del enemigo que las virtudes de sus propuestas, de las que poco y nada se habla.

El panorama que nos muestra el discurso de los candidatos es por demás ambiguo, lo que acentúa nuestra incertidumbre, que nos impide invertir y que asusta a quienes quieren hacerlo desde fuera del país, postergando ilusiones y frustrando la creatividad de una juventud que sería feliz de enfrentar los grandes desafíos que nos propone el siglo 21.

Discuten de manera acalorada sobre quién es el culpable de la pobreza, del narcotráfico, de la inflación y del endeudamiento, de la falta de empleo, educación o viviendas, pero nadie indica cómo apagarán este incendio.

De la corrupción y de cuál será el futuro de los procesos judiciales que se les sigue a dirigentes políticos o empresariales cada vez se habla menos, y no faltan quienes insinúan indultos o amnistías.

La crisis que enfrentamos los argentinos parece no resolverse en las urnas, pero esperamos que la sensatez y el espíritu de solidaridad que muchos practican en forma silenciosa, ayudando a quienes no tienen alimentos, ni vivienda, ni medios para vivir, superen a la mediocridad de una dirigencia política insensible y que sólo aspira a acumular poder.

(Por Jorge Horacio Gentile, miércoles 31 de julio del 2019, Córdoba, diario La Voz del Interior)

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