Un replanteo fallido en la localidad de Tama

Mi querido amigo Armando Del Bianco me acerca una historia que tengo el placer de compartir con Ustedes.

La vida de los agrimensores esta plagada de anécdotas, curiosidades, simpáticas experiencias e historias hermosas como esta que la memoria nos recuerda sobre nuestro pasar por la profesión que tanto amamos.

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ing. agrim. Armando Del Bianco

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A continuación la historia:

Un replanteo fallido en la localidad de Tama

Cuento corto para agrimensores basado en hechos reales

Por Armando Del Bianco

En el año ’71 (aun siendo estudiante de la carrera de Agrimensura) me contrata el muy joven ing. agrim. Raúl Horacio Grosso y el veterano agrimensor “negro Arias” para colaborar en el replanteo de una línea de alta tensión de 132 kV que iba desde la localidad de Punta de los Llanos a Chepes, en los llanos de La Rioja. 

Camioneta IKA, tipo estanciera modelo año 62, de color verde musgo, campamento en un pesebre de la localidad de Tama, horario de trabajo de 5:30 a 18:30 horas. La diversión nocturna era visitar al carnicero mientras carneaba lo que vendería al otro día, contar perros callejeros, perseguir en la estanciera con las luces altas al pata e’lana, y aplaudir a la chata rodeadora[1] cuando traía al pueblo los borrachos caídos del caballo. 

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Como todas las mañanas, madrugamos a la cinco y media, tomamos el mate cocido con un bollo de pan francés.  Nos internamos en el achaparrado monte riojano, pero bellamente tapizado de flores amarillas: caldén, algarrobo blanco, algarrobo negro, tintitaco[2], quebracho blanco, lata[3], brea, chañar, espinillo, mucho garabato, retama, alpataco, y alguna jarilla entremezclada.

El Chabelo, hacha en mano, habría la picada de luz, sólo el ancho suficiente para llegar hasta la traza de la futura línea. Una vez allí, sobre un vértice de la poligonal de proyecto, montamos un trípode de 6 metros de alto, denominado “el tripodón”, en el que se estacionaba un teodolito por encima  del manto oscuro del monte, y una escalera de 2 hojas para que el operador —o sea yo— pudiese subir hasta el aparato sin moverlo.

Pero el día no era como los anteriores, había una suave brisa y caía una fina y helada llovizna, es por ello que Raúl, me dejó una gruesa capa sin mangas y con capucha (comprada en la “Chinche”[4]), impermeable y engomada que pesaba 7 Kg., y medía 1.80 m de largo; inmanejable para mí que en ese entonces apenas pesaba 60 kilos. 

De cualquier modo y ante un seguro resfriado, me calcé la capa, tomé el teodolito, el walkie talkie de aproximadamente 5 Kg y tenía una antena de 3 metros de largo. Me subí al extremo de la escalera, me sequé minuciosamente las manos y calé las burbujas del instrumento… sólo faltaba orientar el aparato, es decir arrumbar la línea para alinear los piquetes. Los Ingenieros (extremadamente astutos), habían inventado elevar globos en el vértice anterior de la traza, globos que se inflaban con helio (un tubo alquilado en la calesita de la feria de San Vicente), que como por arte de magia, en el campo de visión iban apareciendo siguiendo una secuencia preestablecida: azul, rojo, blanco… azul, rojo, blanco… lo cual, si no hubiese habido la suave brisa que antes mencioné, habría visto a los globos materializando una perfecta vertical, pero conociendo la secuencia de colores, yo podía extrapolar la línea inclinada determinando el punto de inicio y de ese modo, con una precisión de 2 m o 3 m podíamos materializar una línea, para que luego una topadora Caterpillar, con una pala de 6 metros de ancho, pudiese abrir la picada donde luego se construiría la LAT (Línea de Alta Tensión).

Aun de noche cerrada, yo me encontraba intentando orientar el aparato hacia la fila de globos, cuando de repente una fuerte ráfaga, pariente muy cercana del viento Zonda, nos hizo desparecer de la superficie terrestre: el teodolito junto con el tripodón de 6 metros, cayó vertiginosamente matando una chuña[5] que lamentablemente pasaba por allí. La escalera, luego de hacer 2 giros sobre su propio eje se desplomó, y se descuartizó en tantos pedazos como escalones. La radio voló 12 metros y cayó en medio de un garabatal cerrado y mientras caía gritaba: “línea, línea, línea … ”. Y yo… gracias a la capa, volé cual Superman aterrizando en la copa de un vinal[6], a 36 metros de donde originalmente estaba la estación. Quede colgado como un paracaidista en una película de Rambo, a 3 metros de altura y enredado en el espinal; felizmente caí de espalda y la capa era de grueso espesor, sino hubiese quedado peor que Jesús en la película de Mel Gibson: “La pasión de Cristo”.

Todo el resto del día tardaron en encontrarme, recordemos que en aquella época no existían los navegadores GPS; al quedarse sin baterías, la radio ya había dejado de gritar pidiendo la alineación, y el hachero, “el Chabelo”, se había olvidado donde había abierto la picada de acceso a la traza.

Luego, el monte cerrado y entretejido de espinas, fueron las causas que impidieron el rescate de los hacheros, operativo que se prolongó hasta casi la medianoche.

Finalmente pudieron bajarme, y todo el pueblo de Tama incluido el cura, el comisario y el carnicero — que ya era un amigo—, vinieron a ser testigos del procedimiento. El intendente de la comuna trajo la chata rodeadora por si hiciese falta llevarme al dispensario. También vinieron los chicos y los perros. Aunque ya era tarde, el acontecimiento era todo un espectáculo no muy común en el pueblo, y como agradecimiento a la labor del vecindario, los niños más chicos, se llevaron globos inflados con helio, de hermosos colores azules, rojos y blancos.

Esa noche ya de madrugada, cenamos sopa de chuña con fideos y pan casero.


[1] “Chata rodeadora”, era un servicio que brindaba la comuna, un carro tirado por dos caballos chato sin barandas, en donde subían a los borrachos que se caían de la monta. Mientras que el caballo solo se volvía al rancho, el cuerpo del jinete, podría ser colisionado por un vehículo. Rodeadora, expresión de los llanos riojanos que significa realizar un rodeo (en este caso de personas).

[2] Algarrobo retorcido. Árbol bajo, entre 2 m y 3 m, de tronco tortuoso y con grietas negras, no más de 20 cm de diámetro. Muchísimas ramas cortas y ascendentes. Las hojas son de un verde brillante, con muchas espinas de 2 cm de largo.

[3] Lata: Es un arbusto o arbolito, de 3 a 5 m de altura. Muy ramificado desde la base, de copa rala, estrecha y alargada. Las ramas son verticales y largas, con espinas muy agudas dispuestas en pares en los nudos.

[4] “la Chinche” Negocio de la ciudad de Córdoba que vende productos de descarte del ejército.

[5] chuña: ave terrestre que corre el lugar de volar, con cuello, cola y patas largas, sólo las alas son cortas, con tamaños que van de los 70 a los 90 cm de longitud.

[6] vinal: Árbol o arbolito muy espinoso, con espinas de hasta 30 cm de largo x 1 cm de diámetro en la base. De 3 a 5 m de altura con tronco de 20 a 30 cm de diámetro, corteza pardo-oscura, rugosa y agrietada, ramas zigzagueantes entrelazadas.

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