Durante siglos, escribir fue plasmar palabras sobre papel. Comunicar. Pero hoy, con los medios digitales, el papel se ha convertido en una pantalla, y esa pantalla es un territorio mucho más amplio y cambiante. La literatura ya no es solo lo que se lee, sino también lo que se escucha, se ve, se explora. Estamos asistiendo a una transformación profunda: el relato se ha vuelto un ecosistema más complejo y con mayores posibilidades.
Propongo pensar esta evolución en tres niveles: desde la mejora de la práctica de escribir, hasta la invención de nuevos lenguajes literarios.
1. Del papel a la pantalla: una mejora funcional
El primer paso fue técnico: la digitalización de libros y textos. Plataformas como Kindle, Kobo o Calibre permiten llevar bibliotecas enteras en el bolsillo. Los blogs, los boletines informativos (newsletters) y los sitios web multiplican los canales de publicación directa. Solo cambiamos el papel por las pantallas. Este cambio no está libre de ventajas y desventajas.
Los beneficios son evidentes:
— Mayor accesibilidad y portabilidad.
— Reducción de costos de edición e impresión.
— Lectura sin luz natural, ampliación de las clases de tipografías y marcadores digitales.
Aquí, la tecnología es una herramienta de eficiencia: el texto sigue siendo el mismo, pero más fácil de acceder y distribuir. Perdemos la conexión física con el libro, las percepciones táctiles, olfativas y la sensación de tener un libro en nuestra mano. No solo es una costumbre; Santiago Kovadloff establece una analogía significativa entre la lectura en un libro y una pantalla; en relación con ello, afirma: “No es lo mismo darse un abrazo presencialmente que darse un abrazo en una pantalla con una aplicación.”
2. Del texto al hipertexto: expansión narrativa
La segunda transformación es más profunda. No se trata solo de cómo se lee, sino de cómo se escribe. El entorno digital permite:
— Hipertextos: relatos con múltiples caminos posibles, que invitan al lector a tomar decisiones.
— Libros enriquecidos: cuentos con ilustraciones interactivas, música ambiental, sonidos o movimientos.
— Narrativas colaborativas: comentarios, reacciones y sugerencias que se incorporan al proceso creativo.
La escritura se vuelve más abierta, más modular, más dialogante. El lector ya no es solamente lector: también se vuelve explorador y a veces coautor.
3. Del autor al ecosistema: invención de lenguajes nuevos
El tercer nivel implica una mutación del propio concepto de literatura. Ya no se trata de adaptar los viejos textos al mundo digital, sino de crear nuevas formas narrativas nacidas en lo digital:
— Ficción transmedia: una historia se despliega en varias plataformas (blogs, redes sociales, videos, audios).
— Narrativas inmersivas: textos experimentados en realidad virtual o con realidad aumentada.
— Cuentos en formato de chats: mensajes breves que simulan conversaciones en aplicaciones (apps) móviles.
— Comunidades creativas: historias construidas en foros, redes o plataformas colaborativas.
Aquí, la literatura se vuelve experiencia, y el autor se convierte en diseñador de relatos más que en simple narrador. El proceso de comunicar se convierte en multimedia.
Final abierto
El escritor de hoy tiene la posibilidad de moverse en varios planos: seguir el camino clásico, explorar las formas interactivas, combinar texto e imagen, o experimentar con nuevas plataformas. Lo digital no reemplaza la literatura: la reinventa.
Quizás estemos escribiendo no solo un nuevo capítulo, sino un nuevo lenguaje narrativo para una nueva época.
