Ser y deber ser

Hace algún tiempo que trato de encontrar una explicación sobre las diferencias entre nuestra generación (los nacidos alrededor de 1950) y las actuales, es decir: los muchachos y chicas de hoy (los que tienen entre 20 y 30 años, nacidos entre 1980 y 1990). ¡Y sí, somos diferentes!, para bien en algunos temas y para mal en otros, claro que sin poder abstraerme de la mirada desde mi generación.

Para aquellos que les interesa el tema, les recomiendo buscar en Internet sobre “generaciones”. Uno descubre que pertenece a los “baby boomer” y que luego aparecen  la “generación X”, “la generación Y”, y hoy hablan de “milenarios” para los que nacieron después del 2000. Les aseguro que es muy interesante. Encontraran muchas explicaciones, las dos caras de la moneda de cada una de las generaciones, además podrán verificar los mayores que el tiempo pasa. Descubrirán  también que para nuestra región existe cierto desfase en el tiempo con respecto a los países centrales. Pero vale aclarar que las ideas principales conservan su valor.

Vamos al título. Uno de las principales diferencias que observo es que nosotros fuimos criados en el “deber ser” y nuestros hijos en “el ser“. Recuerdo a mi madre decir la frase: ¡Tenés que ser esto, tenés que ser aquello!, con cierto sesgo imperativo. Prevalecía en esos tiempos la idea de prepararse para un mundo mejor y poder vivirlo de forma plena. Había esperanzas y vivíamos soñando con ellas. Poca importancia le dábamos al diario vivir.

Creo que hoy no existe esa percepción, los chicos viven el hoy. Los grandes relatos se han terminado en palabras de Lyotard, o el fin de la historia ha llegado, según Fukuyama. ¿Tendrán algo que ver estas ideas?. El modernismo y la esperanza de un futuro mejor, más racional, un mundo donde la ciencia y el progreso nos llevaran a la felicidad: ¿Ya pasaron, o siguen vigentes hoy?.

Cómo respuesta me atrevo a evocar las palabras de Jorge Luis Borges:

“He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer… No he sido feliz”

Las nuevas generaciones lo saben: son.

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Categorías: Cultura, Etcéteras

Autor:José María Ciampagna -

profesor, agrimensor, ingeniero, aficionado a la fotografía, escribidor, informático, blogero, aspirante a cocinero y otras yerbas .....

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2 comentarios en “Ser y deber ser”

  1. 1 marzo, 2015 a 17:04 #

    Estimado Javier, he vuelto a releer tu escrito. Descubro que la siguiente frase es impagable:

    “Les allanamos el camino. Fuimos amigos y los dejamos huérfanos.”

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  2. Javier Rodríguez de la Reta
    14 julio, 2011 a 10:49 #

    ¿Diferencias? Por empezar entre 30 y 40 años. Bueno, fuera de lo trivial, se me ocurre usar la gastada frase “cambio de paradigmas”. Nosotros teníamos (citando a Don Ernesto) otra weltanshauung, otra cosmovisión, vamos. Pero sí teníamos asumido una idea de trascendencia de las que las actuales generaciones abjuran. Sólo que: falsa o no, nos costó trabajosamente edificarla. ¡Y PARA QUÉ!!! nos dirían hoy los wikipedófilos asiduos visitantes del Rincón del Vago, a la usanza del consabido cuento de Landriscina. Para ellos allí subyace la verdad revelada y son cuando menos tontos los que se esfuerzan por alcanzar el conocimiento por otros medios. Pero confunden información con conocimiento, En la negación de la trascendencia se han quedado sin mentores, sin seres admirados como nosotros teníamos, sin considerar que es el admirador quien enaltece al admirado. Por caso ¿Que hubiera sido de Mozart sin Kurgel, o de Kafka sin Max Brod? Y así tantos otros. Pero como decía Alberto de Mendoza “Si tenés + de 30, ya se te va a cruzar un tango en el camino”. Nosotros tuvimos prohibiciones y nos resultó difícil sobreponernos a muchas condiciones adversas, pero eso nos ayudó a valorar. Y no quisimos que ellos pasaran por lo mismo. Les allanamos el camino. Fuimos amigos y los dejamos huérfanos. Y aumentamos la entropía humana. Ahora a ellos les va a costar muchísimo más crear un sistema de valores nuevos, les va a llevar la vida y tal vez otra generación regenerar la fé, paradigmas y utopías. Porque al final, cuando la hora se acerque, habrá por lo menos una persona tal que preferirá devolver algo más que polvo al polvo. “Post iucundam iuventutem, nos habebit humus”

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