Nací al juego.
Me dieron clase, me enseñaron, creí, y fue bueno aprender.
Jugué y llegué a poner mi sello, algún dribling, algún tinte de color.
Cuando percibí que dominaba el juego.
Las reglas cambiaron.
El juego cambió. El mundo ya no es el mío.
Gracias a Dios.

