Gritos de libertad

José de San Martín

José de San Martín

Corrían tiempos difíciles propios de la época. No se salía de la ignominia y la espantosa dualidad; había dos clases  de gente: Se pertenecía a la corte del Rey o se era vasallo y esclavo. Las ideas de las castas superiores eran indiscutibles. No había opinión posible diferente a la palabra del Rey y  la de los amanuenses apóstoles de la Iglesia. El conocimiento y las ciencias eran considerados cuestiones peligrosas y de tinte revolucionario. Algunos  ilustrados habían decidido, luego de la revolución francesa, luchar por la libertad. La mayor esperanza de triunfar estaba centrada en América.

Cuando abrió de nuevo el libro, recordó aquellos lejanos y distantes momentos de su juventud cuando lo había leído por primera vez. Recordó al anciano que se lo había regalado y advirtió que debería encontrar a un joven a quien legarlo y , de esa forma, preservar el secreto  para continuar la lucha por la libertad. Don José Francisco de San Martín había cumplido  72 años y estaba en el exilio.

Muchos años habían pasado  desde su niñez en Corrientes. Desde aquel momento, su vida había estado dedicada a pelear por la independencia. Recordó su pasos por Murcia en España aprendiendo los secretos de la guerra, su paso por Londres,  la creación del Regimiento de Granaderos a caballo. Luego, la epopeya de San  Lorenzo y la muerte de Cabral. Se estremeció pensando en cómo la política había ensuciado y desvirtuado todo. – ¡Tanta sangre derramada al cuete…! se dijo. Recordó las batallas de Chacabuco y Maipú, el cruce de los Andes, la liberación de Chile y del Alto Perú.

En su memoria también estaba el triste encuentro en Guayaquil con Bolívar. Cuando por primera vez tuvo miedo y fue consiente de perder la batalla por sus ideales. Bolívar también había leído el libro sagrado. Pero entonces, en el preciso momento de su entrevista con el  venezolano, conoció de la traición y división en la logia y el nuevo poder.

Recordó aquel hombre de pelo gris y gesto adusto, bigote grueso, traje obscuro y corbatón negro que le había regalado el preciado libro. La fisonomía de su recuerdo era muy parecida a su reciente retrato. El realizado en lápiz por el artista Estanislao Del Campo.

Fue entonces cuando decidió caminar a tomar aire fresco y salir de sus recuerdos. Tomó el libro y caminó por las calles de Bolougne-sur-Mer en la región de Boulonnais. Corría una suave brisa marina en la costa de Calais y logro distraerse. Pasaron varios minutos hasta llegar al frente de la  Abadía de Saint-Wimer. Entró y buscó a su amigo el cura inglés. El cuarto estaba oscuro cuando junto al sacerdote tomaron el té. Cruzaron pocas palabras, el cura le comentó que se volvía a vivir a Londres y fue cuando Don José decidió darle  el libro. En ese momento se saludaron por última vez.

Volviendo a su casa,  se dibujaron palabras secretas por su mente. Aquellas frases que explicaban las razones de por qué defender la libertad:

“El miedo y la sumisión son enemigos de la razón. El ambiente tornase refractario a todo afán de perfección cuando triunfa el miedo; los ideales se angostan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida, los dogmatistas y serviles aguzan sus silogismos para falsear los valores de la conciencia social; viven en la mentira, comen de ella, la siembran, la riegan, la podan, la cosechan,….

 Es por ello que Ustedes deben –nuevos templarios- dar pelea a muerte por la libertad.”[1]

Su cara esbozó una sonrisa. Supo  y se dijo que nunca había bajado la guardia. Él había cumplido su juramento, estaba convencido. También pensó que otros debían seguir la lucha y tomar la posta. Se dio a sí mismo, por fin, una oportunidad de vivir en paz. En su amigo el cura había depositado el libro y renovado la esperanza de la libertad.

Después de muchos años del fallecimiento del General San Martín, el sacerdote  cumplió su promesa. Encontró en Inglaterra el perfil del joven que Don José le había señalado. El libro secreto se lo dio a un joven militar de apellido Spencer Churchill. No se equivocó.

En Boulogne-sur-Mer, años después, se erigió una escultura en honor al libertador de América. Durante la Segunda Guerra Mundial, estando el lugar bajo ocupación nazi, la ciudad soportó 487 bombardeos aéreos de los aliados. Numerosas bombas estallaron a uno y otro lado del monumento y sólo algunas ligeras esquirlas tocaron su base. Fotos posteriores a la liberación muestran las ruinas y, entre ellas, casi intacta la escultura de San Martín. Según testimonios de la época, para el pueblo boloñés, se trató de un milagro, para otros: “El grito de libertad estaba intacto”.

José M. Ciampagna


[1]  Frase compuesta con palabras de José Ingenieros y modificaciones de autor.

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Categorías: Cuentos

Autor:José María Ciampagna -

profesor, agrimensor, ingeniero, aficionado a la fotografía, escribidor, informático, blogero, aspirante a cocinero y otras yerbas .....

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One Comment en “Gritos de libertad”

  1. dardo daniel
    2 diciembre, 2012 a 18:08 #

    excelente,,,,,,,,,,,,maestro y querido amigo,. un abrazo……………………………………

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