Respeto a las pasiones políticas

Esta mañana en la web, leo un artículo de Eduardo Fidanza que me conmovió. Más allá del contenido total del artículo (ver el la fuente del artículo original en el final) rescato esta parte que, según mi parecer es indispensable leer:

…. Más allá de cómo se resuelva el enigma, las tribulaciones e incertidumbres del verdadero militante, sea kirchnerista o de otra estirpe, merecen respeto y atención. Su sufrimiento surge de la idea, tantas veces desmentida, de que es posible una sociedad más igualitaria y fraternal. Puede ser dogmático, agresivo o ingenuo, pero la intención del militante es reconciliar a la política con la justicia. Se trata de un ideal arduo, tenaz y no negociable. Metafóricamente, es el tránsito empinado por “la callejuela sin fin de una pasión irremediable”, de la que hablaba Raúl González Tuñón en un viejo poema socialista difícil de olvidar..

Las frases en negrita son marcas propias realizadas para destacar lo más importante según mi opinión. La última de ellas de Tuñon de una belleza sin par. A partir de la cita de Fidanza sobre Tuñon busqué el poema que da origen a la cita y que copio a continuación:

.

Lluvia

por Raúl González Tuñón

Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.

Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados. Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.

Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban:
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.

Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los ademanes y las palabras de ellos, todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.

Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.

Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada. Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.

Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana, increíble, pero, tan real, numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.

Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.

Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.

Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra esperanza, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Oh, íntima, recóndita alegría.

Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.

.

Siguiendo con mi relato, hoy tambien leo en una cita del diario el siguiente párrafo debido a Hermann Hesse:

Todos llevan, hasta el fin, viscocidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial

y de nuevo busco el poema que dá origen a la cita que copio a continuación para ustedes:

.

Vos sos tentativa e impulso?

Por Hermann Hesse

La vida de todo hombre es un camino hacia si mismo,
la tentativa de un camino, la huella de un sendero.
Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo,
pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos,
más claramente otros, cada uno como puede.
Todos llevan consigo hasta el fin, viscocidades
y cáscaras de huevo de un mundo primordial.
algunos no llegan jamás a ser hombre,
y siguen siendo rana, ardilla u hormiga.
otro es hombre de medio cuerpo para arriba,
y el resto, pez. Pero cada uno es un
impulso de la naturaleza hacia el hombre.
Todos tenemos orígenes comunes: las madres.
todos venimos de la misma cima,
pero cada uno tentativa e impulso
desde lo hondo, tiende a su propio fin.
Podemos comprendernos unos a otros,
pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno.

.

Sirvan la lectura de estos bellos poemas como reconocimiento, homenaje y respeto a las pasiones políticas sinceras, equivocadas o no, propias o diferentes.

.

.

Fuente:

Tribulaciones e incertidumbres del militante K por Eduardo Fidanza. Sábado, 18 de octubre del 2014, diario “La Nación”

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Categorías: Sin categoria, Vida, cultura, sentido común, etcéteras

Autor:José María Ciampagna -

profesor, agrimensor, ingeniero, aficionado a la fotografía, escribidor, informático, blogero, aspirante a cocinero y otras yerbas .....

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One Comment en “Respeto a las pasiones políticas”

  1. 20 octubre, 2014 a 14:36 #

    Gracias José: Extremadamente acertadas y militantes tus palabras para graficar el fragmento de Eduardo Fidanza. Hermosa también la poesía de Gonzalez Tuñón y de Hermann Hesse.

    Me acordé de una mini poesía de Sabines dedicado a la pasión de una guerrillera.

    Si sobrevives, si persistes, canta,
    sueña, emborráchate.
    Es el tiempo del frío: ama,
    apresúrate. El viento de las horas
    barre las calles, los caminos.
    Los árboles esperan: tú no esperes,
    éste es el tiempo de vivir, el único.

    Jaime Sabines

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