Fuego en lo profundo

Es un fuego interno que me carcome. Trato de identificarlo, de saber cuál es su origen, y postulo como cierto: el panorama incierto en que vivimos. Es la incertidumbre del futuro que está haciendo su juego por la pandemia del Covid19.

Bien o mal, vivíamos en una sinusoide irregular. Paso a explicar: la sinusoide es una curva que tiene de base el eje del tiempo, y la intensidad como eje vertical. Ella ejemplifica el paso por momentos positivos y negativos alternativamente. Cuando es irregular nos marca los diferentes tiempos de amplitudes y frecuencias diferentes[2], positivas y negativas. Agregó que la pendiente del eje de la sinusoide nos marca la tendencia hacia lo positivo o negativo en valores absolutos. Es una metáfora representativa de la vida. Todos aspiramos, en lo posible a tener una pendiente ascendente. 

Sinusoide regular
Sinusoide irregular
Sinusoide con pendiente ascendente


En la vieja normalidad (antes de la pandemia) nadie puede negar que había cosas para mejorar, que había pérdidas y ganancias. Que las pérdidas de unos, a veces, solían ser injustamente las ganancias de otros. Pero no había inesperados sobresaltos. Estábamos acostumbrados a los problemas de siempre, curtidos de las consecuencias de un país y un mundo que no dan tregua.

Convivían y conviven en nuestro tiempo distintas generaciones y culturas. Los más grandecitos heredamos la educación de principios del siglo veinte (modernismo): el deber ser, vivir considerando una vida futura, planificar, respetar las enseñanzas del pasado de otros, la penalización de las actividades egoístas, el sentido de culpa. Los posmodernos–nuestro hijos cargan con nuestro legado– siguen los valores del éxito, el hedonismo, vivir el hoy, seguir las propuestas de las burbujas consumistas de las redes sociales como claves de un buen vivir.  

Por otro lado, al mundo no le faltan problemas reales: la superpoblación, la desigualdad social, la pobreza, la galopante inmigración del campo a la ciudad sin planificación tras la búsqueda de una vida mejor, el cambio climático, la perversidad de la droga, la pérdida de biodiversidad, el buen uso de la tecnología, son todos problemas que nos afectan y requieren de nosotros pensar y darles una solución.

En nuestro país, la dura lucha entre libertad e igualdad; una controversia vana, vacua, sin sentido para encontrar resultados positivos. En definitiva, los resultados de un país inmaduro, un país de gente con escasa educación al servicio y el beneficio de los vivos que usan el peor aspecto de la política en su conveniencia.

Pero ahora: la pandemia; un amplificador de problemas, un espejo donde no queremos vernos, nos resalta los errores de la normalidad anterior. 

Incertidumbre, incertidumbre. ¿A dónde ir? es la gran pregunta. Estamos parados en el medio de un desierto sin rumbo.

Hoy leyendo un artículo de Carlos Shilling[1] descubro que, para vivir, hay que superar los instintos básicos del sobrevivir, donde esta última palabra expresa una resignación a lo elemental. El propone la capacidad individual y colectiva para imaginar una vida con calidad. Luego imagino y deduzco: soluciones colectivas acordadas con el diferente, con el que piensa distinto, con el otro; el extranjero. Es lo único que queda para empezar a pensar y vivir en una nueva normalidad. 

Quizás Uds. piensen que sea una vaga ilusión y los entiendo. Disculpen quizás esté soñando o estoy en una situación muy propia del momento que vivimos: la de los pensamientos insomnes de la noche provocados por una pandemia invisible, inesperada y sin compasión. Pero les pido comprensión; quiero y necesito entender que esta tenue huella es la que debemos buscar y transitar.


[1] “… Sobrevivir, además, no es exactamente un sinónimo de vivir. En el primer verbo hay una resignación a lo elemental; en el segundo, una apelación a la calidad de vida. Una forma de medir la distancia entre uno y otro verbo es la capacidad individual y colectiva de imaginar una vida mejor. En este caso, una vida urbana mejor” Imaginar una vida mejor, Carlos Shilling, Diario La Voz del Interior, Córdoba, 21 de noviembre del 2020.

[2] Antonio F. Rodríguez me hizo notar que una onda senoidal es aquella que solo posee una frecuencia. Ello implica que la frase utilizada y subrayada no es correcta. Del punto de vista geométrico-matemático solamente el cambio de frecuencia de una onda, según el análisis de Fourier, se puede lograr por composición de varias ondas senoidales de diferentes frecuencias.

Gracias Antonio por hacerme notar el error.

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