Buenos y malos, virtudes y errores

En todos nosotros conviven un  diablo y un dios y ambos  se manifiestan en oportunidades diferentes. Así actuamos algunas veces como diablos egoístas y otras lo hacemos favoreciendo a terceros como ángeles altruistas. Si bien tratamos que prevalezca el dios bueno –así nos han educado– vale destacar  que somos humanos. A pesar de los intentos de la educación de domesticar y aminorar nuestras bajas pasiones nos cuesta evitar las salidas de nuestro diablo interior.

Por otro lado, en lo social, existen acuerdos de convivencia sobre los valores que nos llevan a una vida mejor formalizados en las leyes.  Ellos son, a manera de ejemplo; no robar, no mentir, no matar, no codiciar, etc. , etc. Son las normas básicas que permiten la coexistencia pacífica para una vida mejor que tratamos de cumplir en mayor o menor medida. Agregamos, ante el error, lo que no debemos hacer es justificarnos y tratar de ocultar faltas, o justificarlas en vez de reconocerlas. Sería vender gato por liebre. Al momento del error un pedido de disculpas nunca esta de mas; pedir perdón nos redime de comportamientos ajenos al deber ser aunque pueda desmerecernos.

No todo es igual, igualar valores y disvalores, es equiparar para abajo. Es ir para atrás  por no respetar los acuerdos para el buen convivir en sociedad.

En estos días, se  ha visto en algunos dirigentes, todos hijos de nuestra cultura enferma, reconocer actitudes positivas a otras personas sin necesidad.  Convertir en héroes a los que no lo son. Son escasos los santos héroes, la mayoría somos humanos con virtudes y errores. También, en el mismo sentido, somos propensos a demonizar tratando de exculpar nuestras responsabilidades. Generalizamos errores o bondades a un grupo social y a ellos no les permitimos la posibilidad de actuar bien. Los arrinconamos  a cumplir con nuestras sentencias dando validez a la promesa auto cumplida.

Todos tenemos errores, cosas buenas y malas, pero si generalizamos, si no separamos  la paja del trigo de nuestras acciones: “todo es igual, nada es mejor, lo mismo vale un chorro  que un gran señor” no nos damos la oportunidad de mejorar como sociedad. Vivimos en un cambalache, “todos yacemos revolcados en el mismo lodo”, en palabras de Discépolo.

Así somos los argentinos y nos quejemos de lo que nos pasa. Matamos a nuestros referentes o los endiosamos, no somos justos, en cambio de ser cautos, precisos, y no apurarnos a señalar héroes y demonios. Todos tenemos cosas buenas y malas. En tiempo de crisis démonos permiso para errar y acertar. No vayamos para atrás, a otros momentos superados, a  tiempos anteriores a cuando nuestros pactos preexistentes fueron construidos.

 

3 Comments

    1. José muy bueno el blog de WordPress. Impresionante las categorías en las que has almacenado conocimientos y experiencias, ya tendré tiempo de explorarlo.
      Como siempre un lujo Las Fotos del Profe José.
      Hasta pronto.
      Carlos

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  1. Hola José:
    Cómo siempre manifestando tu equilibrio cultural y emocional.
    El equilibrio es una condición de la dinámica y lo que estamos viviendo es un típico desequilibrio ecológico y aunque no les guste a nuestros amigos biólogos, es algo casi inexistente en la naturaleza. Los sistemas complejos tratados con modelos contínuos estadísticos solo aproximan el resultado dinámico.
    Estás miradas como las del geocentrismo, la tierra plana, etc. son un reflejo de los Modelos Mentales consolidados por la cultura del sentido común o del valor medio. Ya en su momento Johnson-Laird mostró el modelo mental (algoritmo) que llevó a los ingenieros de Chernobyl a detonar la central atómica cuando estaban haciendo una prueba y no pasaba nada (te suena? ). Esto que te digo lo hemos verificado en la cátedra de informática ya que se nos ocurrió construir los algoritmos de las evaluaciones erróneas siguiendo a J-L y te digo que las sorpresas fueron mayúsculas. Me parece que quienes están tomando decisiones político-biológicas no se están enfocando en los modelos de la complejidad.
    Lamento tener que ser muy poco optimista hay poca gente equilibrada como el profe José.
    Un abrazo y gracias.

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